domingo, 17 de febrero de 2013

El Cuadro: La belleza es motivo de indulgencia, de LUCIEN FREUD



La mirada de Lucian Freud no excluía absolutamente nada. Era capaz de mostrar los forúnculos, las grietas, la blandura, las rugosidades de un pellejo en deterioro.
Su talento, la enormidad de sus pinturas, germinaba de una belleza caída en la desesperanza: con sólo contemplar esos magníficos trabajos, podemos reconocer que el cuerpo se desgasta irremisiblemente, que somos limitados, y que hay algo mucho más palpable de lo que creemos que mostramos. El cuerpo se desgasta, se marchita, somos células que nacen, mueren, retoñan, se deforman y se enferman. La obra de Lucian Freud es, quizás, un paralelo ilustrativo de la novela de Michel Houellebecq, Las
partículas elementales.

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