jueves, 16 de diciembre de 2010

Ilya Repin Yefimovich: Ivan el Terrible y su hijo Ivan

Ilya Repin Yefimovich: Ivan el Terrible y su hijo Ivan en Noviembre de 1581. Oleo
sobre lienzo. 1885. The Tretyakov Gallery, Moscow, Russia.

La muerte ha estado unida al arte desde sus inicios. Ya en las pinturas rupestres vemos los animales muertos recién cazados. Desde entonces un sinfín de pinturas representando el momento último de la vida se han sucedido en la historia del arte.Hay otras razones para esta elección: Se trata de un pintor ruso, que es, además, contemporáneo de nuestro escritor a quien también retrató Repin.

En Iván Illich se nos narra la muerte de un burgués y, a pesar del mismo uso de la técnica realista en la novela y en la pintura, y del mismo nombre en los protagonistas, quizás notaremos un mayor paralelismo con el otro libro, Hadjí Murat, pues ambos, en el tema, evocan un cierto “romanticismo apasionado”. Repin fue el hijo de un colono militar, nació en 1857. Estudió en la Academia de las Artes en San Petersburgo. Una beca lo llevó en 1873 a Viena, Italia y París. Allí conoció a Édouard Manet y el impresionismo. No tuvo ningún éxito y regresó dos años antes de la expiración de su beca a Rusia y decidió dedicarse a partir de ahora los temas de su país, tanto de la historia como los contemporáneos. Repin conoció a León Tolstoi a quien pintó en varias ocasiones.

. En sus pinturas Repin trata especialmente la vida del pueblo ucraniano y ruso, y denuncia los males sociales. Sus últimos trabajos están dedicados a la narrativa histórica y el retrato del famoso compositor y escritor ruso.

En Iván el Terrible y su hijo en 1581 pinta una escena melodramáticamente efectiva. Los ojos del zar están muy abiertos, con horror, y la sangre en el rostro del hijo y en la alfombra, así como los contrastes de luz y sobra están dramáticamente exagerados.

El zar acaba de matar su hijo y está realmente horrorizado y arrepentido abrazando al príncipe moribundo contra su pecho. La pintura se convierte así en un símbolo ya que el pintor destruye a la vez la creencia en la infalibilidad de los soberanos y la aristocracia. La mirada psicológica a los personajes produce una impresión inolvidable en el espectador.

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