miércoles, 4 de marzo de 2009

Los Girasoles, de Van Gogh




Van Gogh pintó esta obra maestra en el curso de su estancia en Arles, con la finalidad de decorar su "casa de los artistas". Esta tela iba a darle a conocer en el mundo entero.
En aquella época, Van Gogh deseaba acoger en su casa a artistas que pudieran vivir y trabajar a sus expensas. Agobiado por problemas económicos, Gauguin aceptó su invitación y se instaló allí en octubre de 1888.
Para complacer a su amigo, en agosto de 1888 Van Gogh realizó una serie de seis Girasoles. El año anterior, Gauguin había admirado tanto dos de sus estudios sobre el tema que se los cambió por un paisaje de la Martinica. Por agradarle, Vincent decidió adornar las paredes de su casa con estas suntuosas telas.
Aludiendo a su proyecto en una carta al pintor Émile Bernard, escribió: "Sueño con decorar mi taller con una media docena de cuadros de girasoles, una decoración en la que gamas crudas o rotas estallen sobre distintos fondos".
Bajo el pincel de Van Gogh, los girasoles se convierten en el símbolo del culto que rinde al sol y al color amarillo, admirablemente revalorizado por el fondo azul. Insiste en "el trabajo del pincel, sin puntillado", buscando "una especie de efecto de vitral de iglesia gótica". Se percató enseguida de que estaba particularmente inspirado. Escribió a su hermano Théo: "Verás que estas telas entran por los ojos. Pero te aconsejaría que las guardaras para ti (...). Es esa clase de pintura de aspecto un poco cambiante, que se va enriqueciendo cuanto más la miras".
Van Gogh seleccionó dos de sus Girasoles para la Exposición de los XX, que tuvo lugar en Bruselas en noviembre de 1889. Ambas obras recibieron una favorable acogida, pero eso apenas cambió el doloroso destino del pintor, que fue completamente ignorado en vida.
Théo, el hermano de Van Gogh, recibió este cuadro en mayo de 1889, como parte de un lote de telas del pintor. Johanna, la viuda de Théo, lo vendió en 1905 al marchante berlinés Paul Cassirer. Fue propiedad de diversos coleccionistas y galerías antes de ser adquirido por la Neue Pinakothek de Munich.
De la serie hay tres cuadros similares con quince girasoles en un jarrón, y dos con doce girasoles, también en un jarrón. Van Gogh pintó el primer Jarrón con doce girasoles -que se encuentra actualmente en el Museo Neue Pinakothek de Munich- y el primer Jarrón con quince girasoles -que se encuentra en la National Gallery, Londres-, en agosto de 1888, cuando vivía en Arles, en el sur de Francia. Las siguientes pinturas similares las pintó en enero del año siguiente. Las pinturas están todas pintadas en lienzos de cerca de 93 × 72 cm.

Van Gogh empezó a pintar a finales de verano de 1888 y continuó durante el año siguiente. Su casa en Arles tenía la fachada pintada de amarillo; eso, junto con el ardiente sol mediterráneo del sur de Francia, le inspiraron para elaborar esta serie. Uno de los cuadros fue a decorar la habitación de su amigo Paul Gauguin. Las pinturas muestran girasoles en todas las etapas de su vida, desde plenamente en flor hasta que se marchitan.

Las pinturas fueron innovadoras en el uso de todo el espectro del color amarillo, que Van Gogh emplea en una gama cromática conjunta con naranjas, ocres, marrones, beiges, etc. El color está aplicado con pinceladas fuertes, agresivas, en pequeños toques salteados, destacando la plasticidad de la pintura, que crea un fino relieve en la tela, para dar volumen a los

girasoles. Para resaltar el amarillo y el naranja, emplea verde y azul cielo en los contornos, creando un efecto de suave intensidad lumínica.

En marzo de 1987 obtuvo resonancia mundial la noticia de la compra de un Jarrón con quince girasoles por el magnate japonés Yasuo Goto en una subasta en Christie's de Londres, pagando 39.921.750 dólares. La pintura reside en la actualidad en el Seiji Togo Yasuda Memorial Museum of Modern Art de Tokyo. Después de la compra se planteó una controversia sobre si se trataba de una auténtica obra de Van Gogh o una falsificación de Emile Schuffenecker.

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